Los detalles y los absurdos del senador eduardo arredondo
Por más que uno quiera entender la política de Ciudad Juárez, siempre aparece un capítulo nuevo que supera al anterior. Y esta vez el protagonista vuelve a ser el senador Juan Carlos Loera de la Rosa, quien decidió destaparse como próximo alcalde… pero no ante el “pueblo bueno” que tanto dice defender, sino ante un selecto grupo de invitados en su residencia de Campos Elíseos, donde la austeridad brilla por su ausencia.
El senador, que suele recorrer colonias repartiendo un periódico con sus hazañas legislativas y un discurso que mezcla evangelio y 4T, soltó la bomba hace dos meses: él es el elegido para la alcaldía en 2027. ¿El argumento? Que desde el centro del poder, allá en Palacio, ya le dieron la bendición. Nada de encuestas, nada de competencia interna, nada de democracia partidista. Todo, según él, arreglado con la presidenta Claudia Sheinbaum.
Lo raro no es el anuncio. Lo extraordinario es el contexto. Loera reaparece justo cuando el país enfrenta escándalos por el agua, el huachicoleo y la corrupción. Y, para acabarla, él mismo arrastra señalamientos de la época de la Aduana de Juárez, donde los maletines en dólares —según se cuenta en voz baja— iban y venían con una fluidez que ni Banxico.
Ahí entra en escena la maestra Norma Yrasema Deirdré Bazán, exadministradora de la Aduana y una figura envuelta en versiones incómodas desde 2018. Loera la ha protegido siempre: primero la recomendó para la Administración de la Aduana, luego la sacó cuando el asunto se calentó y la hizo coordinadora de su campaña a la gubernatura en 2021, y hoy es su secretaria técnica en el Senado. Su presencia es tan constante que ya nadie cree que se trate de coincidencia.
El 17 de noviembre, en el desayuno de Campos Elíseos —más fifí que “popular”—, Loera reunió a medio centenar de invitados. Habló del rezago de Juárez y de los 100 mil millones de pesos que se necesitan para atenderlo, como si él no hubiera sido parte del aparato federal que pudo, pero no quiso, atenderlo antes. También pidió a su equipo que cuidara detalles y evitaran exponer a las “finísimas personas” que lo rodean: Bazán, el exdelegado Octavio García Sáenz, y Álvaro Navarro, este último con el estigma del escándalo SEGALMEX que alcanzó a su hermano.
Todos ellos forman ese círculo íntimo que intenta mantenerse fuera de los reflectores, pero que aparece una y otra vez en las historias que rodean al senador.
Y mientras tanto, la narrativa oficial es simple: Loera es el candidato. No habrá encuestas, ni volados, ni procesos. Se acabó la simulación. Todo decidido desde arriba. Todo dicho entre café gourmet y mantelería fina.
En otras palabras, el senador se autonombra como el salvador de Juárez… aunque la ciudad, como siempre, siga esperando que aparezca alguien que realmente quiera salvarla.







