Controversial …
> Los hijos que no van a la guerra
La hipocresía de las élites estadounidenses.
Por: Raúl Sabido.
“El padre evitó Vietnam con diferimientos, el hijo evita Irán con exenciones médicas. La guerra nunca fue para ellos. La guerra es para los otros, para los invisibles, los sacrificables, a los que hay que eliminar legalmente. Los hijos de la élite no van a la guerra porque la guerra nunca estuvo diseñada para ellos, porque es un negocio que les genera riqueza, no les es un destino.”
> El tributo de sangre de los pobres:
En Estados Unidos, la guerra nunca ha sido un sacrificio compartido, ha sido un tributo de sangre impuesto a los pobres y a las minorías. Los que mueren en el frente no son los hijos de Wall Street ni de Silicon Valley, sino los hijos de Detroit, El Paso o el Bronx.
> Vietnam: el reclutamiento como farsa:
Durante la Guerra de Vietnam, el “reclutamiento universal y obligatorio” se convirtió en una farsa. Miles de jóvenes de clase trabajadora fueron enviados a morir en la selva, mientras los hijos de familias acomodadas encontraban refugio en universidades, puestos administrativos o exenciones médicas. El resultado fue brutal: afroamericanos y latinos estuvieron sobrerrepresentados en las unidades de combate en la línea de fuego, mientras los privilegiados regresaban a casa con diplomas, medallas y carreras intactas.
> Irak y Afganistán: el patrón repetido:
En Irak y Afganistán, el patrón se repitió. El ejército de real batalla, los del frente, la carne de cañón estuvo compuesto por jóvenes que vieron en el uniforme la única salida a la falta de empleo y educación, de eso se nutre el ejército de los Estados Unidos para sus filas, la carencia es la trampa. La composición racial lo confirma, afroamericanos y latinos siguen siendo mayoría en las filas alistadas, mientras los puestos de mando y las áreas técnicas se reservan para blancos de clase media y alta. La guerra, entonces, se convierte en un impuesto de sangre que pagan los pobres, mientras los ricos la administran como negocio que les genera riqueza.
> El caso Trump: símbolo de privilegio:
Donald Trump es un ejemplo emblemático de esta hipocresía. Durante Vietnam recibió cinco diferimientos, cuatro por estudios universitarios y uno por supuestas “espuelas óseas” en el pie. Nunca pisó el frente, nunca cargó un fusil, nunca arriesgó su vida . Mientras tanto, miles de jóvenes afroamericanos y latinos eran enviados a morir en un conflicto que no decidieron. Trump no fue una excepción, fue la regla de la sociedad estadounidense…. mandar hijos ajenos a la guerra en nombre de la patria.
> Barrón Trump: la herencia de la evasión:
Hoy, su hijo Barrón Trump, con 19 años y en plena edad de reclutamiento, aparece protegido por “exenciones” médicas y argumentos físicos. Se habla de una “dispensa inusual” y de que su altura extraordinaria lo excluiría de ciertas funciones militares. Mientras tanto, si Estados Unidos decide una invasión terrestre contra Irán, los que marcharán al frente serán nuevamente los hijos de los barrios obreros, los migrantes, los invisibles. La historia se repite, el padre evitó Vietnam con diferimiento, el hijo evita Irán con exenciones.
> La deslealtad y la hipocresía con los veteranos de guerra:
El Estado les paga $100,000 dólares por cada soldado muerto, una pensión a la esposa e hijos, servicio médico y educativo, pero deja en la miseria a los que sobreviven, aun en condiciones físicas críticas. La sangre se convierte en cifra presupuestal, y la vida de los veteranos en olvido. Los que sí regresan lo hacen para enfrentar la pobreza, el abandono, la indiferencia, las drogas, la situación de calle. Con todas esas probabilidades les paga su patria.
> Las cifras que desnudan la hipocresía:
Vietnam ( 1964–1975): 58.220 bajas. El 96% de los afroamericanos muertos eran soldados rasos en posiciones más expuestas.
Irak (2003–2023): 4.600 bajas. Afroamericanos y latinos sobrerrepresentados en combate respecto a su proporción poblacional.
Afganistán (2001–2021): 2.461 bajas. Los latinos tuvieron más muertes que su peso poblacional, reflejando que el ejército fue su única vía de movilidad social, cayeron en la trampa de la supervivencia económica.
> Que vayan primero los hijos de la élite:
Que aporten con su vida para la riqueza de sus padres.
La hipocresía es evidente, quienes deciden la guerra no la pelean, quienes la financian no la sangran, quienes la promueven no la entierran. La patria se convierte en consigna vacía, un contrato social roto donde el sacrificio se exige a los más vulnerables y se perdona a los privilegiados.
Vietnam, Irak, Afganistán fueron tres escenarios distintos, un mismo patrón . La guerra se vende como deber patriótico, pero en realidad es un mecanismo de explotación social y racial. Los hijos de la élite no van a la guerra porque la guerra nunca fue para ellos. La guerra es un negocio que produce riqueza, pero no les es un probable destino.
Si Estados Unidos quiere hablar de sacrificio compartido, que los primeros en marchar al frente sean los hijos de los presidentes, de los senadores, de los banqueros, de los políticos republicanos y demócratas, de los magnates. Solo entonces la palabra “patria” dejará de ser un eslogan vacío y se convertirá en verdad.
> El altísimo riesgo de poner al ejército en Irán:
La idea de enviar tropas estadounidenses a las tierras de Irán es un riesgo altísimo de muerte. No se trata de un terreno fácil ni de un enemigo débil. Irán es un país con una población joven, un ejército numeroso, milicias entrenadas y una geografía que favorece la defensa. Cada ciudad, cada montaña y cada desierto puede convertirse en un campo de batalla en extremo sangriento, sin ventaja alguna para el ejército invasor.
Donald Trump considera necesario este movimiento, pero los iraníes lo han retado abiertamente “dicen que lo esperan” , que están preparados para resistir y golpear. La advertencia no es retórica porque Irán tiene experiencia en guerra asimétrica, capacidad de movilizar a millones y aliados regionales dispuestos a encender el conflicto.
> “El sujeto Disonante de Washington cada vez más se hace más rico, esa es la herencia participativa de los hijos que no van a la guerra”
Y, en esa frase anterior está la clave. Los hijos de las élites no participan en el frente, pero sí heredan los beneficios económicos y políticos que esas guerras generan. Es decir, no heredan cicatrices ni tumbas, heredan fortunas y poder.
> Los estadounidenses que disfruten su votado, es lo que quisieron.







