Controversial …
> La oposición que dinamita sin futuro
Negarse a todo frente al reto de gobernar con la gente.
Por: Raúl Sabido.
“La negación es un fenómeno psicológico que se refiere a la tendencia de una persona, a rechazar la existencia de una realidad o verdad que le resulta incómoda”
La obsesión:
La diferencia entre destruir y construir un México para todos.
En México, cualquier acción de la presidenta se convierte en blanco automático de los opositores. No importa si se trata de una medida económica, social o internacional: la reacción es siempre la misma, un rechazo inmediato. No hay matices, no hay apertura, sólo un reflejo condicionado que busca desacreditar sin importar el contenido. Ese comportamiento no construye, erosiona a ellos mismos.
El vacío:
Negarse a todo frente al reto de gobernar con la gente.
Cuando no existe propuesta y lo único que se ofrece son ataques y acciones dirigidas a destruir, lo que se revela no es crítica, sino un plan deliberado de sembrar caos. La estrategia es clara: desinformar, provocar violencia, desgastar credibilidades. No porque tengan una alternativa, sino porque carecen de la capacidad de competir con lo que buscan derribar. En su intento de dañar, terminan mostrando que nada les importa: ni el país, ni la gente.
La autoexclusión:
La oposición que se margina sola.
Los liderazgos opositores actuales están tan deteriorados que cada aparición pública, lejos de fortalecerlos, exhibe su vacío. Pretenden dinamitar todo lo que se está formando, pero carecen de inteligencia política y credibilidad para participar en el proyecto nacional. La paradoja es brutal: en su empeño de negar, confirman que no son capaces de ser parte de un México que se construye con visión y resultados. Se excluyen solos.
El mar minado:
La relación con Estados Unidos es un terreno complejo. La presidenta Sheinbaum maniobra en un mar minado y bajo un cielo blindado, tomando decisiones no por ideología, sino por conveniencia y soberanía legada por la historia. Los vecinos del norte muchas veces no comprenden ni aceptan esa autonomía, y los opositores aprovechan esa tensión para atacar. Si se inclina hacia un lado, la acusan; si hacia el otro, también. Si habla, la condenan; Si calla, igual. Pero la ciudadanía, consciente de la defensa de la soberanía, ha dado la espalda a esos opositores y respalda a la presidenta en la autonomía de las decisiones nacionales.
El país que avanza:
Mientras la oposición se hunde en su propio resentimiento, México avanza. La construcción de un proyecto nacional que exige inteligencia, visión y credibilidad, cualidades que los opositores han decidido abandonar. La política no se mide en gritos ni en consignas huecas, sino en resultados. Y mientras la presidenta sostiene el rumbo, los opositores se marginan, incapaces de ser parte de un país que se fortalece en su soberanía y en su futuro, ese país que se construye lo aborrecen.
La autoridad en el territorio:
El compromiso con las necesidades del pueblo de México no es un discurso vacío, es una responsabilidad que la presidenta Sheinbaum ha asumido con claridad. Los compromisos de campaña no son promesas al aire: son tareas que Morena, sus aliados y el gobierno deben aterrizar en la vida cotidiana de la población.
En su recorrido por Baja California Norte, particularmente en San Quintín, quedó expuesta la dimensión moral, social y política de su liderazgo. Frente a diputados y políticos locales, la presidenta fue directa al decirles que no basta con discursos ni con la comodidad de los cargos, es necesario trabajo de territorio. Les exigió salir de la nube de oropel, sudar las camisetas y desgastar la suela de los zapatos atendiendo las necesidades de la gente.
Lo que encontró en San Quintín no fueron cifras abstractas, sino realidades duras como la explotación campesina, rezagos históricos y la persistencia de un México terrateniente que aún lastima. Al señalarlo, la presidenta no solo mostró autoridad, sino también compromiso con quienes han sido olvidados.
Este episodio revela que el liderazgo no se mide en oficinas ni en declaraciones, sino en la capacidad de enfrentar los problemas cara a cara. Y mientras la oposición se consume en su obsesión por destruir, la presidenta se planta en el territorio, recordando que gobernar es escuchar, atender y transformar.
Entre la comodidad y el compromiso:
La diferencia entre quienes se oponen a todo y quienes gobiernan con responsabilidad es abismal. Los primeros viven en la comodidad mundana del presupuesto del que aún gozan por prerrogativas y de patrocinios desestabilizadores, refugiados en oficinas y discursos vacíos, incapaces de ensuciarse las manos en el contacto real con la gente, repudian a quienes no piensan como ellos. Los segundos, en cambio, salen al territorio, escuchan, atienden a todos y se convierten en gestores de las necesidades de la población, con la presidenta Sheinbaum como guía que fortalece su liderazgo moral, social y político en forma por demás indiscutible.
Construir un México mejor exige caminar sus calles, recorrer sus campos, mirar de frente los problemas y enfrentarlos con decisión. Nunca se debe tratar de buscar que al país le vaya mal, se trata de levantarlo con trabajo, con visión y con compromiso. Esa es la diferencia entre quienes se consumen en la negación y quienes se entregan a la tarea de gobernar.
La oposición ha elegido el camino fácil: criticar desde la comodidad. La presidenta ha elegido el camino difícil: sudar la camiseta, desgastar la suela de los zapatos y construir un México que avance.
Y, en esa diferencia, se revela quién está dispuesto a servir al pueblo y quién solo busca servirse de él.
Ahí está la gran diferencia.







