Por [el chismoso]
Chihuahua vivió otro fin de semana teñido de sangre. Doce homicidios dolosos es la cifra que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) reconoce oficialmente para los días 17, 18 y 19 de octubre. Sin embargo, los datos recogidos por medios locales, periodistas en campo y fuentes ciudadanas apuntan a un saldo más alto, con al menos 16 víctimas en distintos puntos del estado. ¿Quién tiene la cuenta real?
De acuerdo con el informe federal, el viernes fue el día más violento con nueve asesinatos en Chihuahua, mientras que el sábado se reportaron cero homicidios y el domingo, tres más. Una lectura rápida sugeriría que la violencia cedió parcialmente durante el fin de semana. Pero la realidad en las calles y caminos rurales del estado cuenta otra historia.
El viernes, en Buenaventura, cuatro presuntos sicarios murieron en un enfrentamiento armado. En Guerrero, dejaron dos cuerpos abandonados. En Ciudad Juárez, dos personas fueron ejecutadas, y entre Guachochi y Parral, tres hombres aparecieron sin vida. Once muertes en un solo día. Casi tantas como las que reconoce la SSPC para todo el fin de semana.
Y mientras los números bailan, las historias humanas no dejan de acumularse. El caso de Said Molina Villalobos, piloto aviador desaparecido desde el 15 de octubre, es uno de los más recientes. Fue hallado muerto junto con otras dos personas en la carretera entre Guachochi y Parral. Su fallecimiento fue confirmado por la Fiscalía Zona Sur tras días de incertidumbre y búsqueda por parte de su familia.
“Emprendió su último vuelo hacia la eternidad”, escribió la funeraria Shalom Guachochi en un mensaje que intentó poner poesía donde solo hay duelo y violencia. Said no fue una estadística más. Era padre, amigo, hermano. Su historia, como la de tantos otros, no cabe en un simple número en una hoja de cálculo federal.
Entonces, ¿cuál es el número real? ¿Son doce, dieciséis o más las víctimas de la violencia este fin de semana en Chihuahua? La respuesta, lamentablemente, dependerá de a quién se le pregunte. A las fiscalías, que entregan cifras preliminares. A la SSPC, que las agrupa y publica. O a los medios y familiares que tienen los pies sobre la tierra y los oídos cerca de los disparos.
Pero más allá del conteo, la pregunta que persiste es otra: ¿cuánto más vamos a normalizar este nivel de violencia? ¿Hasta cuándo los fines de semana en Chihuahua seguirán cerrando con cuerpos abandonados, desaparecidos encontrados sin vida y cifras que no cuadran?
No se trata solo de contar muertos. Se trata de entender lo que está pasando y por qué.







