Chihuahua: domingo de sangre y fuego
Por [el chismoso]
Chihuahua volvió a encabezar la lista nacional de homicidios el pasado domingo, según el informe diario de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC). Nueve personas fueron asesinadas en distintos puntos del estado, cifra que coloca a la entidad en el primer lugar nacional en cuanto a ejecuciones en esa jornada.
A nivel país, la SSPC registró 64 víctimas de homicidio, un número por encima del promedio de octubre (51.1). Sin embargo, el caso de Chihuahua destaca no solo por la estadística, sino por la crudeza de los hechos que marcaron el día.
Guachochi: la masacre que estremece la sierra
La madrugada del domingo, la violencia irrumpió con fuerza en el municipio serrano de Guachochi. Un grupo armado atacó directamente a una familia, dejando un saldo de al menos cinco muertos y siete heridos. Entre las víctimas se encontraban un maestro y un niño de apenas diez años.
Las autoridades informaron que los cuerpos fueron trasladados al Servicio Médico Forense para su identificación y necropsia, mientras las Bases de Operación Interinstitucional mantienen un despliegue en la zona para dar con los responsables. Pero, como suele ocurrir en la sierra tarahumara, los caminos difíciles y la dispersión de las comunidades hacen que la búsqueda se diluya entre la montaña y el silencio.
Chihuahua capital: tragedia entre el fuego
Como si la violencia no bastara, la noche del sábado —apenas horas antes de la jornada más sangrienta del país— dos personas murieron calcinadas en un incendio ocurrido en la colonia Las Granjas, al norte de la capital.
El fuego consumió una tapia ubicada en el cruce de las calles Eucalipto y González Cossío, inmueble que, según reportes vecinales, era utilizado como “picadero” y había sido denunciado en varias ocasiones. Presuntamente, el incendio fue provocado. Las víctimas, atrapadas dentro, no lograron escapar.
Un estado bajo asedio
Los hechos del fin de semana son reflejo de una constante que se resiste a cambiar. Chihuahua, con sus contrastes entre desierto y sierra, sigue siendo uno de los escenarios más violentos del país.
Las cifras oficiales pueden cambiar cada amanecer, pero lo que no varía es la sensación de indefensión. En Guachochi, las familias lloran a sus muertos; en la capital, los vecinos se resignan a la violencia cotidiana. Mientras tanto, el informe del día siguiente volverá a mostrar números, pero detrás de ellos siguen las historias —y los nombres— de quienes ya no están.







