EDUARDO ARREDONDO
Crecen focos rojos: dos regiones de Chihuahua concentran la violencia del crimen organizado
Chihuahua, Chih.— En los últimos meses, dos puntos del estado han concentrado la mayor parte de la violencia de alto impacto: la zona sur —de Parral a Guadalupe y Calvo— y el corredor Aldama–Ojinaga–Ciudad Juárez. En ambas regiones, los enfrentamientos, homicidios y desplazamientos forzados confirman una escalada que mantiene bajo presión a autoridades estatales y federales.
Once detenidos y un cabecilla herido tras enfrentamiento en Aldama
La madrugada de ayer, la comunidad de Falomir, en Aldama, se convirtió en escenario de un tiroteo cuando elementos del Ejército y la Guardia Nacional repelieron una agresión de civiles armados. El choque armado, registrado entre brechas, dejó 11 detenidos, entre ellos Roberto G. H., alias “El 04”, señalado como líder local de Los Cabrera, célula ligada al Cártel de Sinaloa.
De acuerdo con información de Sedena, “El 04” es considerado objetivo prioritario del Gobierno de México y tiene un proceso de extradición activo solicitado por Estados Unidos. Fue trasladado herido a un hospital bajo fuerte resguardo.
En el lugar del enfrentamiento se aseguró un arsenal de alto poder: rifles Barrett calibre .50, fusiles AK-47, un lanzagranadas, decenas de cargadores, cientos de cartuchos y un dron utilizado para lanzar explosivos. También se confiscaron vehículos modificados para terracería y equipo táctico especializado.
El operativo provocó un despliegue extraordinario de seguridad en la ciudad de Chihuahua, con un convoy fuertemente custodiado rumbo a las instalaciones de la FGR y cierres viales preventivos.
Tres cuerpos descuartizados en Ciudad Juárez
Horas antes y a casi 300 kilómetros de distancia, la violencia se manifestó de manera brutal en Ciudad Juárez. Agentes de la Guardia Nacional localizaron los restos descuartizados de tres personas en una barda cercana al Umbral del Milenio. Junto a los cuerpos se encontró un mensaje dirigido a La Línea, atribuido a un grupo criminal rival.
Los dos episodios, aunque distantes, forman parte del mismo conflicto que desde el año pasado se intensifica en el corredor Aldama–Ojinaga–Juárez, donde células de Sinaloa y del Cártel de Juárez disputan territorio.
Guachochi, Parral y Guadalupe y Calvo: el epicentro de la violencia serrana
Mientras tanto, en la región sur de Chihuahua persiste una crisis de seguridad que dejó al menos 24 homicidios en los últimos tres meses.
Guachochi
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A finales de octubre, una balacera dejó siete muertos.
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El 2 de diciembre, un enfrentamiento de más de cuatro horas paralizó la cabecera municipal y obligó a que padres de familia decidieran si enviaban o no a sus hijos a la escuela.
Parral
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El 28 de octubre, una mujer fue baleada en el centro de la ciudad.
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Días después, cinco cuerpos fueron localizados en distintos hechos en San Francisco del Oro.
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El 15 de noviembre, un ataque armado en el carril de carreras Santa Teresa dejó siete muertos.
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Parral cerró noviembre con 12 homicidios, el mes más violento en una década.
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El 16 de noviembre, un hombre torturado fue abandonado en la Puerta del Tiempo.
Guadalupe y Calvo
La violencia ha provocado más de 150 desplazados y dejado 20 comunidades deshabitadas. Familias completas han huido hacia Parral y otros municipios. En noviembre, más de 90 personas recibieron ayuda humanitaria.
Refuerzos insuficientes y operativos constantes
Pese a los operativos de contención, la violencia continúa. El 23 de noviembre llegaron 100 elementos de Fuerzas Especiales a Chihuahua, aunque fueron enviados directamente a Ciudad Juárez, dejando a la región sur aún en espera de refuerzos.
La Mesa de Seguridad Estatal —encabezada por la gobernadora María Eugenia Campos— acordó desplegar 600 elementos para reforzar la zona de Parral, Guachochi y Guadalupe y Calvo.
Aseguramientos de droga, armas, vehículos y equipo táctico han sido constantes en Matamoros, Santa Bárbara y municipios cercanos; sin embargo, los hechos violentos no han cesado.
Una crisis que no cede
Lo ocurrido en las últimas semanas confirma que Chihuahua enfrenta una doble línea de conflicto:
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al norte, por el control del corredor hacia Ojinaga y Juárez;
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al sur, por la disputa de la Sierra Tarahumara.
Ambas regiones permanecen bajo vigilancia militar y policial, mientras comunidades enteras intentan retomar la normalidad en medio de una violencia que no da tregua.







