Bonilla, el alcalde ausente (y viajero) eduardo aredondo Marco Bonilla puso en riesgo a 32 familias por casi un año mientras priorizaba su agenda política
“Como ya se corrió la voz por todo Chihuahua…”—porque cuando algo huele mal, apesta lejos—, el alcalde Marco Bonilla Mendoza acaba de ordenar el desalojo inmediato de 32 familias del fraccionamiento Monte Zenith. ¿La razón? Una barda perimetral colapsada desde septiembre de 2024 que dejó a estas casas colgando, literalmente, del peligro.
Sí, escucharon bien: once meses después de que la estructura cediera, el alcalde se acordó de que hay vidas en riesgo. Mujeres, hombres y niños viviendo con la amenaza de un deslave, y Bonilla apenas hace unos días decidió que ya era hora de hacer algo. Aunque claro, no porque le preocupe su gente… sino porque el calendario político ya le aprieta.
Durante casi un año, mientras los vecinos vivían en la incertidumbre y el miedo, ¿dónde estaba Marquito? Pues viajando, grillando, tomándose fotos y tirando rostro por todo el país (y hasta fuera de él). Porque cuando eres alcalde de papel y tienes aspiraciones más grandes que tu compromiso, lo urgente siempre puede esperar. “Porque si algo corre más rápido que el tren, es el chisme en Chihuahua…”
Ahí tienen el tour:
— El 20 de septiembre ya estaba en Ciudad Juárez con los panistas.
— El 23, en Dallas, según él en reunión diplomática, pero curiosamente coincidió con un juego de los Cowboys.
— El 9 de octubre en Cuauhtémoc, el 18 otra vez en Juárez, el 21 destapando su candidatura, y el 31 echándole porras a Jorge Romero.
— En noviembre paseó por la Ciudad de México, firmó un convenio con la CONADE, y se dio un paseo por Xochimilco.
— Diciembre lo dedicó a posadas, regalos y fotos. Todo muy navideño, muy político, pero ni una palabra sobre Monte Zenith.
Y así se la siguió: enero, Parral; febrero, Delicias y CDMX; marzo, más vuelos, más selfies, y hasta una visita a la embajadora de Ucrania para entregarle un libro. Porque cuando tu ciudad tiene viviendas a punto de desplomarse, lo lógico es irte a hacer relaciones diplomáticas, ¿no?
El descaro es tan grande que uno ya no sabe si reír o llorar. Las familias de Monte Zenith han vivido casi un año con miedo, viendo cómo su patrimonio se agrieta, literal y emocionalmente, mientras el alcalde anda en campaña disfrazada de gira oficial. ¿Y todo por qué? Porque Bonilla no quería ensuciar su currículum electoral. Porque reconocer el problema hubiera sido aceptar un error. Y eso, en tiempos de aspiraciones políticas, es pecado mortal.
Ahora sí, con las elecciones más cerca, viene el manotazo: desalojo urgente. Pero no por responsabilidad, sino por cálculo. Como si sacar a las familias de golpe y porrazo borrara once meses de negligencia.
Esto, señoras y señores, no es sólo omisión; es abandono. Es poner en juego la vida de tus gobernados por mantener intacta tu carrera política. Es una muestra más de lo que realmente significa para algunos “servir”: servirse. 
Marco Bonilla podrá tener muchas giras, muchos cargos y muchas fotos. Pero lo que no tiene, claramente, es vergüenza.







