Bad Bunny, solo un instrumento de la NFL
Eduardo Arredondo Delgado
La estrategia de la NFL (por sus siglas en inglés) de colocar a Bad Bunny en el segmento de entretenimiento en el intermedio del Super Bowl tuvo los efectos deseados, más para algunos dueños de los equipos que integran la liga. Y es que tampoco es nuevo que en los deportes estadounidenses hay un claro enfrentamiento con la presente administración.
También un logro de la NFL fue que “Ice”, las mascotas al mando de Trump estuvieran alejadas de las casas de los 49ers, sede del Superbowl LX y por lo menos darles un suspiro (si es que había indocumentados).
Efectivamente, Benito Antonio Martínez Ocasio, es solo un instrumento, un títere o políticamente más correcto, un caballo de batalla contra el personaje de la Casa Blanca y sus políticas de racismo y xenofobia, que tarde que temprano tendrán consecuencias irremediables en el mundo.
La NFL lo consiguió. Primero confrontar a Trump desde la palestra deportiva más importante del mundo y por otra reivindicar el poder latino en Estados Unidos. No es una frase hecha, es una realidad. De no ser por la osadía de los migrantes no habría Estados Unidos porque ellos forjaron esa nación, luego de la independencia de los británicos en 1776, cuando se reunieron 56 congresistas estadounidenses para aprobar la Declaración de Independencia.
No todo es miel sobre hojuelas. Otros migrantes llegaron a esa nación por negocios ilícitos, asesinatos, violaciones y lacras que venían del Viejo Continente y que buscaban una nueva vida, para olvidar más no borrar sus historias personales de destierro de demencia o de servilismo.
El Superbowl LX, un escaparate mundial, (después de las fiestas de Acción de Gracias) mezcló sus intereses próximos y les expuso a los más de 130 millones de personas que reñir con el desarrollo latino en Estados Unidos, sería darse un balazo en la cien. Latinos en la música, en el cine, en la gastronomía, en la mafia, en todo. Entonces la NFL no solo acepta ese progreso étnico, sino que lo
asume como propio porque si Bad Bunny ya se metió a la cocina de la NFL, todo ya es posible. Ricky Martín abriendo el show en español con “Lo que le pasó a Hawaii” y después Lady Gaga y su figura fantasmal, avalando el legado de las agrupaciones de músicos de salsa como “Los Sobrinos” y como cereza del pastel, Bad Bunny, un puertorriqueño que no se sabe si canta o si declama como si estuviera congestionado de alcohol, pero que gusta a varias generaciones que asumen que su “música” y su “mensaje” son un canto de esperanza. ¿Qué tipo de esperanza? ¿Distorsionada?
Apareció con un traje blanco diseñado por Zara y con su equipo de trabajo Janthony Oliveras (director creativo), con estilismo a cargo de Storm Pablo y Marvin Douglas Linares, asombrando al público que ya lo esperaba como su máxima figura del apocalipsis blanco. Bailaba y cantaba en medio de una escenografía de plantíos recordando a Latinoamérica y su sector primario, pero feliz sin industrializarse, sin dobles intenciones y con menos estrés. Fue la pincelada que si Puerto Rico es una colonia estadounidense también se puede ser feliz, aunque vivan casi en cautiverio.
Competencias para reclamos
Las competencias mundiales deportivas han sido históricamente foros de reclamos ante políticos, dictadores y locos.
Así fue como Jesse Owens, el velocista estadounidense guardó la compostura luego que Adolfo Hitler no le estrechara la mano, una vez que el deportista norteamericano hubiera ganado su primera medalla olímpica en los Juegos Olímpicos de Alemania en 1936.
En los Juegos Olímpicos de 1968 en México, los atletas, Tommie Smith y John Carlos pasaron a la historia por su saludo levantando el puño en alto tras recibir su medalla, haciendo alusión al poder negro y enviando el desacuerdo de la guerra de Vietnam y las políticas estadounidenses.
No es nuevo que Bruce Stringsteen, Neil Young, dentro de muchas otras figuras del ámbito artístico protesten contra un hombre que quiso volverse rey de un país de inmigrantes. ¿Quién limpia las letrinas de las escuelas, de las estaciones de camiones? ¿Quiénes recolectan los frutos en los campos estadounidenses?
Fox ya lo había señalado: mexicanos realizan trabajos que ni los negros quieren:
Despreciar a los migrantes por su color de piel, color de ojos, lenguaje, olor, solo es otra manifestación del racismo.
Un mexicano en Estados Unidos será el primer rival, enemigo de otro mexicano, salvo una excepción normal: la educación de no competir, pero esa situación es tan rara como ver la paz en Gazza.
No sería extraño que un loco, pandilla, clan o en su defecto, fundamentalistas de cualquier nación hagan de las suyas en el próximo mundial de futbol.
Pueden pagar justos por pecadores. Ya lo vimos en Minnesota y casualmente los tiradores tienen apellidos latinos. ¿Papeles a cambio de servir al verdugo?
La historia lo dirá.







