Aumenta la tensión en el Instituto de Innovación y Competitividad tras señalamientos a su titular
Francisco Javier Turati Muñoz reacciona con represalias internas en lugar de aclaraciones públicas eduardo arredondo
Cría cuervos… y te sacarán los ojos (2ª parte)
Por: [eduardo arredondo]
Dicen que hay personajes que no entienden el mensaje, ni siquiera cuando el mensaje les grita en la cara. Francisco J. Turati Muñoz es uno de ellos. Derrotado en las urnas internas, marginado del reparto político dentro del PAN, y desplazado del juego real de poder, hoy intenta reconstruir su espacio desde los escombros del Instituto de Innovación. Y lo está haciendo mal.
Lejos de tomar su papel con seriedad, ha convertido la institución en su laboratorio político personal. Su obsesión por armar una estructura que lo catapulte de regreso a la escena panista —dicen que con la supuesta asesoría de Alejandro Leyva, aunque eso suena más a fantasía que a estrategia real— lo ha llevado a moverle el tapete a propios y extraños. Incluso se ha metido con la Sección 42 del SNTE, en un intento desesperado por buscar aliados donde ya no los tiene.
Pero en su cruzada personal, Turati ha cometido errores que no solo le restan credibilidad, sino que están dañando seriamente el desarrollo científico del estado.
Primero, despidió a operadores técnicos con conocimiento y experiencia, frenando de golpe la ministración de proyectos. Programas que habían funcionado durante años quedaron en pausa. ¿Resultado? Solo tres acciones menores se ejecutaron en un año: una feria, un evento en TalentLand y el FECTI, este último tres meses después de que debieron arrancar. ¿Eso es innovación?
Los programas insignia, como RAKE y Publich, no solo no han sido retomados: han sido abandonados. Y con ellos, la motivación de académicos, investigadores y jóvenes talentos que antes encontraban en el instituto una puerta abierta al desarrollo.
No hay que olvidar el escándalo silencioso de las estancias en Washington. Arreglos bajo la mesa, falta de transparencia, quejas públicas en la propia página del instituto… Todo tan mal hecho que se optó por eliminar la publicación de beneficiarios ante la evidencia de irregularidades.
Y si lo anterior no fuera suficiente, los despidos masivos —justificados con el cuento del “cambio de perfil”— dejaron al instituto sin el personal clave para operar. Lo que vino después fue aún peor: su reemplazo por funcionarios sin experiencia, que solo agravaron la parálisis interna.
Para coronar el desastre, las plataformas SECTI y FECTI colapsaron. La primera, eliminada sin justificación, dejó al sistema estatal de investigación sin su base de datos principal. La segunda, entre fallas e intermitencias, convirtió la captura de proyectos en un viacrucis, generando errores de registro, folios duplicados y expedientes incompletos.
En resumen, Turati ha convertido una institución de ciencia en una oficina de ocurrencias. Lejos de consolidar lo que ya existía, ha optado por improvisar, desmantelar, y usar los recursos públicos para fines personales y políticos.
Todo indica que lo mueve el resentimiento. Lo dejaron fuera del proceso interno panista y hoy busca venganza. Pero en lugar de reorganizarse con inteligencia, ha optado por dinamitar lo poco que funcionaba. Y eso, como bien dice el refrán, es criar cuervos…
Y ya sabemos lo que hacen después.







