Una serpiente de cuatro pies que mató un guía resultó ser algo nunca antes visto por los científicos
En las profundidades de las tierras bajas del norte de Bolivia, un depredador pasó años escondido a plena vista.
Una serpiente de cuatro pies había perfeccionado el arte de la invisibilidad; su cuerpo esbelto y sus colores apagados se mimetizaban a la perfección con las ramas que habitaba.
Entonces, un solo golpe de una cuchilla desbrozadora lo cambió todo.
En el 2015, un equipo de científicos exploraba las tierras bajas de La Paz en busca de dos grupos de reptiles notoriamente escurridizos: las culebras de bejuco (Oxybelis) y las culebras de nariz afilada (Xenoxybelis).
Estas criaturas se encuentran entre las más difíciles de avistar en la naturaleza; sus cuerpos evolucionaron específicamente para desaparecer entre la vegetación forestal.
Durante la expedición, un guía de vida silvestre estaba desbrozando senderos cerca del campamento cuando “accidentalmente” cortó por la mitad una culebra de bejuco de cuatro pies. La serpiente había estado descansando sobre un arbusto, completamente inmóvil. “Esta serpiente en particular, sintiéndose amenazada, permaneció inmóvil, imitando una de las ramas del arbusto en el que se encontraba”, según el estudio, publicado en la revista revisada por pares Herpetozoa el 10 de julio de 2024.
“Desafortunadamente, este comportamiento hizo que pasara desapercibida para el guía, lo que provocó el desafortunado accidente”.
La misma adaptación que mantuvo viva a esta serpiente durante años —su capacidad de congelarse y mimetizarse— resultó fatal en este encuentro.
Investigadores se encontraron con un avistamiento único en su tipo
Cuando el equipo examinó la serpiente muerta más de cerca, se dieron cuenta de que estaban ante algo extraordinario: el primer registro documentado en Bolivia de una Oxybelis inkaterra, comúnmente conocida como serpiente bejuco Inkaterra.
La especie se había documentado previamente solo en Perú y Ecuador.
Este avistamiento en Bolivia amplía significativamente el conocimiento científico sobre el lugar donde viven estas serpientes. El área de distribución conocida de la serpiente se extiende actualmente a unos 207 kilómetros y a 628 kilómetros del sureste de su localidad tipo en Puerto Maldonado, Perú.
La serpiente bejuco de Inkaterra se une ahora a Oxybelis aeneus y Oxybelis fulgidus como las tres especies conocidas de serpientes bejuco que existen en Bolivia.
¿Por qué son tan difíciles de encontrar las serpientes bejuco?
Las serpientes bejuco representan un verdadero desafío incluso para herpetólogos experimentados.
Sus cuerpos han evolucionado para lograr el máximo ocultamiento: cabezas alargadas, cuerpos extremadamente delgados y colas largas que imitan las ramas y bejucos donde habitan. Su coloración —mezcla de grises, cremas y marrones claros— completa el camuflaje.
Los investigadores describen a estas serpientes como “bastante crípticas, debido a su coloración, cabeza alargada, cuerpos delgados y atenuados, y cola larga”. Esto las hace “muy difíciles de observar y capturar”.
Generalmente se alimentan de una variedad de pequeños vertebrados, incluyendo lagartijas, aves, anfibios y mamíferos. Su estrategia de caza se basa en el mismo camuflaje que las hace invisibles para los observadores humanos.
La culebra bejuco estaba oculta en las colecciones de museos
El descubrimiento de la expedición impulsó a los investigadores a revisar los archivos del museo, donde encontraron dos especímenes adicionales de culebra bejuco Inkaterra.
Uno había sido capturado en Bolivia en 2005, lo que significa que la especie había estado presente en el país durante al menos una década antes de que se reconociera su identidad. El segundo espécimen no tenía información sobre la fecha ni la ubicación.
Estos hallazgos de archivo sugieren que la culebra bejuco Inkaterra podría estar más extendida en Bolivia de lo que indicaría un solo avistamiento.
Las culebras podrían estar viviendo en toda la región, pasando desapercibidas gracias a su excepcional camuflaje.
El estudio representa el trabajo colaborativo de un equipo de investigación: Luis Rivas, Gustavo Rey Ortíz, Cord Eversole, Randy Powell, Gonzalo Navarro Cornejo, Edson Cortez, Mauricio Ocampo, Gabriel Callapa y Arturo Muñoz.
Además del impactante descubrimiento de la serpiente bejuco de Inkaterra, el equipo también documentó varias otras especies de serpientes poco conocidas durante su expedición.
Las tierras bajas de La Paz, ubicadas en el noroeste de Bolivia, cerca de la frontera con Perú, parecen albergar una diversidad de reptiles que los científicos apenas están comenzando a catalogar.
¿Qué significa esto para futuros descubrimientos?
Este hallazgo accidental ilustra un patrón familiar para los biólogos de campo: a veces, los descubrimientos más significativos ocurren cuando se busca algo completamente distinto.
El equipo se propuso estudiar ampliamente las serpientes bejuco y las serpientes de hocico afilado. Terminaron documentando una especie nunca antes registrada en su país.
La historia de la serpiente bejuco de Inkaterra también plantea preguntas sobre qué más podría estar oculto en los bosques de Bolivia.
Si una serpiente de cuatro pies de largo puede pasar desapercibida durante años, incluso décadas, según los especímenes del museo, las especies más pequeñas o sigilosas podrían ser aún más difíciles de catalogar.
Para cualquiera que se sienta fascinado por la capacidad del mundo natural para sorprendernos, este descubrimiento no hace sino recordar convincentemente: el próximo avistamiento, el primero de su tipo, podría estar esperando en un bosque en este momento, completamente inmóvil, con el mismo aspecto que una rama.







