Una lona y una falta de sincronía — Eduardo Arredondo
En política no hay casualidades, y mucho menos en un desfile donde cada paso, cada contingente y cada gesto están bajo el escrutinio público. Ayer, en el tradicional desfile del 20 de noviembre en Chihuahua, lo que debía ser un acto cívico y deportivo terminó convertido en un inesperado ring político cuando una lona con mensajes de apoyo al alcalde Marco Bonilla irrumpió frente al presidium encabezado por la gobernadora Maru Campos.
“Marco, ve por el nocaut en el 27”, decía una de las mantas que portaban integrantes de clubes deportivos municipales. La frase, más propia de un mitin adelantado que de una marcha cívica, cruzó frente a la gobernadora como un jab directo al orgullo y —según sus propias palabras— al respeto institucional.
No tardó en venir la reacción. Maru Campos calificó el gesto como una “falta de respeto”, tanto por parte de los contingentes como del propio alcalde. Una declaración que, viniendo de quien lideraba el evento, sonó más a reprimenda pública que a simple aclaración.
Y es que la escena tuvo algo de simbólica: mientras la mandataria observaba el desfile desde el presidium, una lona con tintes de campaña —para una elección que aún está a años de distancia— le desfilaba por enfrente. Los tiempos no encajan, la prudencia tampoco.
El episodio revela más que un simple desacuerdo protocolario. En el fondo late el pulso interno del PAN rumbo a la sucesión de 2027, donde Bonilla aparece en la baraja de aspirantes. Aunque el alcalde no se ha pronunciado —ni para aclarar si sabía o no del origen de las mantas—, es evidente que la relación política entre ambos no pasa por su mejor momento.
Mientras tanto, la pregunta queda en el aire: ¿se trató de un acto espontáneo de apoyo o de una muestra de músculo político en un foro inadecuado? Sea lo que sea, la escena terminó robándole reflectores al objetivo central del desfile, que atrajo a más de 30 mil espectadores y transcurrió sin sobresaltos… salvo por este desliz que avivó conversaciones en redes y cafés políticos.
Porque a veces, basta una lona mal colocada para evidenciar tensiones que ya estaban ahí, solo esperando un pretexto para salir a cuadro.







