Carreteras manchadas de tragedia
Por [eduardo arredondo]
Otra madrugada, otra llamada al número de emergencias, otro par de nombres que se suman a la larga lista de víctimas en las carreteras de Chihuahua. Miguel A. G., de 27 años, y Javier M. U., de 22, perdieron la vida cuando su vehículo, un Nissan Altima, se salió del camino y terminó destrozado contra un poste de alumbrado en la carretera Chihuahua–Juárez. Dos vidas jóvenes apagadas en cuestión de segundos, dos familias que despertaron al golpe seco de la noticia.
El accidente ocurrió a la altura del kilómetro 17+500, justo antes de llegar a Riberas de Sacramento. Testigos cuentan que el impacto fue tan fuerte que los ocupantes salieron proyectados. Uno de los cuerpos quedó tendido a más de 25 metros del automóvil, el otro yacía junto al metal retorcido. El amanecer llegó, pero para ellos ya no hubo más caminos que recorrer.
Y mientras tanto, la historia se repite, casi calcada, a pocos kilómetros de ahí. La noche anterior, sobre la carretera Chihuahua–Aldama, otro choque dejó una persona sin vida y tres más heridas. Un Nissan Sentra golpeó por alcance a un Pointer, que a su vez terminó proyectado contra una camioneta Ford Escape. La cadena de impactos terminó arrollando a tres personas. Sirenas, luces rojas, paramédicos, cinta amarilla: el mismo ritual de siempre.
El sábado también trajo tragedia en Álvaro Obregón. Un conductor de 80 años perdió el control de su pickup y se cruzó al carril contrario, chocando de frente contra una motocicleta. El motociclista, Enrique G., de 37 años, murió en el lugar. Su esposa tuvo que identificarlo ahí mismo, en medio del asfalto y el silencio.
Y al sur del estado, en Jiménez, la muerte volvió a viajar sobre ruedas. Un tractocamión que transportaba láminas de acero se convirtió en trampa mortal para seis migrantes. Entre los sobrevivientes está Marlyn Marisol, una joven salvadoreña de 24 años, que perdió un brazo tras la brutalidad del accidente.
La estadística sigue creciendo y los comunicados oficiales llegan con el mismo tono burocrático: “se realizan las investigaciones correspondientes”. Pero detrás de cada informe hay una historia que termina abruptamente, una familia que se rompe, un cuerpo que no regresa a casa.
Las carreteras de Chihuahua no solo son vías de comunicación: se han convertido en escenarios de duelo. Y mientras no haya educación vial, mantenimiento adecuado y un verdadero sentido de responsabilidad al volante, los postes de luz y los kilómetros seguirán marcando el camino de nuestra tragedia cotidiana.







