Sangre en la sierra: cuatro vidas truncadas en la Parral–Guadalupe y Calvo
Por eduardo arredondo
Otra tarde roja en el sur de Chihuahua. Cuatro hombres, cuatro historias que quizá jamás conoceremos, aparecieron sin vida dentro de la caja de una camioneta GMC negra, abandonada sobre la carretera que conecta a Parral con Guadalupe y Calvo, a la altura de la comunidad de Casita, en San Francisco del Oro.
No hubo testigos que contaran lo ocurrido. Solo el silencio de la sierra y el rumor de los motores de los primeros curiosos que, al pasar, notaron el vehículo inmóvil bajo el sol. Un llamado anónimo al 911 bastó para encender la maquinaria del horror que, tristemente, se ha vuelto rutina: patrullas, cintas amarillas, peritos, forenses, cámaras y miradas resignadas.
Los cuerpos —cuatro hombres con signos de violencia e impactos de bala— fueron hallados como si el destino los hubiera puesto ahí para recordarnos que la violencia sigue sin soltar a Chihuahua. Una escena que ya no sorprende, pero sí lastima, porque detrás de cada cifra hay familias que esperan una llamada que nunca llega.
La Fiscalía General del Estado no ha emitido información oficial sobre líneas de investigación, aunque los operativos de patrullaje se mantienen activos en los caminos y accesos cercanos a San Francisco del Oro y municipios de la región sur.
La autoridad investiga, pero la gente teme. En los pueblos serranos, cada nuevo hecho violento deja una huella más profunda: la desconfianza, el silencio, la resignación. El miedo se ha vuelto parte del paisaje, y las historias de muerte viajan más rápido que las promesas de seguridad.
Y así, entre caminos polvorientos y montañas que guardan secretos, la sierra vuelve a teñirse de rojo. Cuatro menos en las estadísticas, cuatro más en la memoria de un estado que sigue pidiendo paz.







