Del funeral al reencuentro político
Por [ EL CHISMOSO ]
En política, como en la vida, los escenarios menos planeados pueden terminar siendo el punto de arranque de algo mayor. Lo que comenzó el fin de semana como una jornada de duelo por el fallecimiento de Sixto Duarte Jáquez, hermano del exgobernador César Duarte, terminó convertido en una inesperada pasarela de reencuentros, conversaciones y señales rumbo al 2027.
La ceremonia fúnebre reunió a unas setenta personas, todas de muy buen nivel político, empresarial y social. El motivo era genuinamente humano: acompañar al exmandatario en un momento doloroso. Pero, una vez concluidas las exequias, la invitación a desayunar en la residencia de un familiar derivó en lo que algunos asistentes describen como “un ejercicio espontáneo de reconciliación política”.
Ahí coincidieron magistrados judiciales —Emmanuel Chávez y Mirelle Lozoya Molina—, empresarios de peso como Octavio Fuentes, Adriana Fuentes y Juan Ubaldo Benavente, además de varios exdirigentes del PRI: José Luis Canales, Guillermo Dowell, Carlos Morales, Toño Andreu e Ignacio Duarte, junto con la lideresa estatal de mujeres priistas, Aldonza González.
Nadie llevó discurso preparado, pero la conversación fluyó hacia lo inevitable: el futuro político de Chihuahua y, sobre todo, de Ciudad Juárez. Entre bromas, anécdotas y café, surgió un consenso no menor: tres de cada cuatro presentes aseguraron que verían con buenos ojos respaldar a Cruz Pérez Cuéllar en la carrera por la gubernatura de 2027.
César Duarte, prudente y medido, agradeció las muestras de afecto y evitó pronunciarse por nombres propios, aunque sí lanzó un mensaje claro: pidió unidad, reencuentro y lealtad al terruño, llamando a apoyar a perfiles “que le hagan justicia a Juárez y que sean cien por ciento chihuahuenses”. Un guiño que muchos leyeron entre líneas.
El momento más comentado vino cuando Toño Andreu tomó la palabra y, sin rodeos, habló en favor de Pérez Cuéllar. Los aplausos fueron inmediatos y el ambiente se tornó más político que familiar. Fue ahí donde algunos entendieron que el desayuno, sin planearlo, se convirtió en el primer ensayo de una nueva operación política.
Y como todo evento con su toque de humor, la anécdota del día la protagonizaron los magistrados, quienes pidieron tomar la foto del grupo… pero sin salir en ella.
En política, los símbolos cuentan, y ese desayuno simbolizó mucho más que un duelo compartido. Representó un reencuentro de viejos aliados, una reconciliación de causas y, quizá, el germen de una nueva alineación que empieza a cocinarse en el norte del estado.
Porque en Chihuahua, incluso entre rezos y abrazos, ya se habla de 2027.







