“Bonilla: el niño que quiso ser gobernador sin aprender a caminar”
Por [eduardo aredondo egochihuahua]
Buenos días. A estas alturas, ya no es sorpresa para nadie: el gobierno de Marco Bonilla Mendoza ha sido una mezcla desordenada de excesos presupuestales, marketing desbordado, y un gobierno hueco. Porque una cosa es gobernar y otra muy distinta es parecer que se gobierna. Bonilla ha optado por lo segundo, gastando millones por aire y tierra para sostener una imagen de “buen presidente municipal” que cada día se le cae más a pedazos.
Por “aire” me refiero a ese mundo ficticio de videos, redes sociales y medios comprados donde Marco es pintado como un líder visionario. Una realidad virtual diseñada para distraer de la real: calles hechas trizas, inseguridad creciente, y un rezago social que no se maquilla con filtros.
Y por “tierra”, hablo de la estructura que sostiene su popularidad artificial: cientos de liderazgos comprados con puestos y recursos públicos, que reparten apoyos aquí y allá como si Chihuahua fuera una piñata política y no un estado que necesita rumbo.
Todo esto con un fin claro: sostener su imagen, apuntalar su ambición, y simular resultados. ¿El costo? Miles de millones de pesos. ¿El beneficio para la gente? Migajas. Porque en realidad, Bonilla no pudo, no supo y –por cómo van las cosas– no podrá. El cargo le quedó grande desde el día uno.
Y ahora quiere más. Cree que puede gobernar todo el estado grande de Chihuahua. Aspira a la gubernatura sin haber podido ni siquiera mantener en orden la capital. Bonilla es ese típico político hecho a fuerza de padrinazgos, no de méritos; de encuestas manipuladas, no de resultados.
Pero la historia de su ascenso político no se escribió en las urnas, sino en los pasillos del PAN. Todo comenzó en 2020, cuando Maru Campos, con el respaldo de su viejo amigo Marco Cortés, se adueñó del padrón de consejeros panistas. Desde la cúpula del partido se pactó su candidatura al gobierno estatal, desplazando al proyecto de Javier Corral. El padrón se llenó de afines, incluso con personas venidas del PRI. Panistas de cepa fueron ignorados, y en su lugar llegaron nombres como Zulema Rentería, Reyna Arellano o la famosa Negra Tomasa. Todo con tal de asegurar el poder.
Y claro, si ya tenían control del partido, había que colocar al equipo completo. Maru necesitaba a alguien de total confianza en la alcaldía: su “niño bonito”, Marco Bonilla. A pesar de que todas las encuestas lo ponían en último lugar en intención de voto, incluso por debajo de perfiles externos como Alan “El Cabrito” Falomir, la decisión ya estaba tomada. Las encuestas no importaban, porque los dados ya estaban cargados.
Así, Bonilla fue impuesto como candidato. Con todos los recursos a su favor, ganó la elección. Pero entonces vino el verdadero reto: gobernar. Y ahí fue donde se notó que el alcalde estrella de redes era un completo amateur en la administración pública.
Su legado tangible después de cuatro años: un polideportivo y un puente. Dos obras menores frente al presupuesto más alto en la historia del municipio. Nada más. Ni pavimentación, ni soluciones de fondo a la inseguridad, ni transformación urbana. Chihuahua no necesitaba un influencer, sino un verdadero líder, y eso, Bonilla, simplemente no lo es.
Se ha manejado con una inmadurez política y emocional alarmante. No escucha, no acepta críticas, se rodea de aduladores y vive más preocupado por sus traumas personales que por los problemas de la ciudad. Gobierna con berrinche, con ego, con rencor.
Ahora sueña con la gubernatura, creyendo que se puede seguir trepando en el poder a punta de encuestas maquilladas y estructuras manipuladas. Pero la realidad no se puede editar como un video de campaña. Y la historia no perdona a los que intentan atajos en lugar de procesos reales.
Robert Greene hablaba del principio de la siembra: si plantas una semilla, debes respetar todo su ciclo para que dé fruto. No puedes adelantar las cosechas solo porque te urge el dinero. Así es también con el poder: si no construyes tu carrera con preparación, carácter y victorias propias, tarde o temprano el sistema te pasa la factura.
Bonilla sembró prisa, ambición y simulación. Difícilmente podrá cosechar liderazgo, respeto o legado.







